Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-

El miembro del Comité Político del PLD, Luís Alberto Tejeda Pimentel, ha sorprendido recientemente con un cambio en su imagen personal: ha optado por dejarse la barba y proyectar una nueva imagen.

Sin embargo, lo más llamativo no es su transformación estética, sino el silencio sepulcral que mantiene frente a los temas municipales, especialmente aquellos que demandan respuestas claras y firmes de parte de los dirigentes políticos de su talla.
Al parecer, sus orientadores en términos políticos le han aconsejado que se mantenga en un bajo perfil, quizás con la estrategia de no ser blanco de críticas o de no desgastarse innecesariamente en un momento donde el panorama político local se encuentra en constante agitación.
Pero esa táctica de invisibilidad trae consigo interrogantes: ¿es positivo para un dirigente con aspiraciones y compromisos comunitarios mantenerse en silencio cuando la sociedad espera definiciones? ¿O será más bien un error que lo distancia del electorado?
El silencio puede ser un arma de doble filo: por un lado, protege de la confrontación inmediata; por otro, deja espacio para que otros llenen el vacío con voces más firmes y determinantes. En la política, quien no habla, quien no se manifiesta, corre el riesgo de ser olvidado o de ser visto como indiferente ante las realidades que afectan a la población.
Esperemos que esta decisión de Luís Alberto Tejeda sea realmente para su conveniencia, y que en el momento oportuno retome la palabra, con la fuerza y la claridad que se espera de un miembro del Comité Político del PLD. Porque si algo queda claro es que la política no perdona la ausencia, y menos aún el silencio prolongado.



